Desde Democratización RT manifestamos la preocupación por la situación actual que viven nuestrxs hermanxs brasilerxs y repudiamos el encarcelamiento discrecional del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Este hecho se enmarca en una tendencia creciente de judicialización de la política en Nuestra América, bajo la cual se pretende exaltar su supuesta neutralidad como única garantía de continuidad democrática “honesta” por sobre la “amenaza populista corrupta”. La bochornosa aplicación selectiva de la justicia queda manifestada al observar la gran cantidad de causas que salpican a legisladores de ambas cámaras que no vacilaron en acusar cínicamente a la ex presidenta Dilma Rousseff por un hecho que de ningún modo podía dar lugar a un impeachment. Sergio Moro, juez a cargo de la operación Lava Jato, representa a esta nueva joven camada de magistrados, que se vale de mecanismos de dudosa legalidad entre las que se destacan las filtraciones selectivas de información a los medios masivos de comunicación como forma de presión sobre los acusados. El correlato con la situación que experimenta nuestro país es evidente, y se manifiesta en el abuso del recurso de la prisión preventiva sin sentencia firme a figuras de la oposición al gobierno de Cambiemos.

Por otro lado, resulta alarmante la avanzada del “partido militar” que se encarna principalmente en la figura del ex militar y candidato presidencial, Jair Bolsonaro, quien se encuentra segundo en las encuestas de intención de votos, detrás de Lula, y es el principal beneficiado en este complejo e incierto escenario pre-electoral. La intervención militar a Río de Janeiro, el asesinato de la militante Marielle Franco y el tiroteo al ómnibus de campaña de Lula, son los ensayos de esta nueva derecha autoritaria que no esconde sus prácticas retrógradas y conservadoras en el marco de una crisis política e institucional sin precedentes recientes.

Lo cierto es que la causa contra el líder brasileño es muy endeble y difícilmente pueda ser sostenida a largo plazo, con lo cual las posibilidades se dirimen entre soportar las consecuencias sociales, institucionales y políticas que traerán mantener al candidato más popular encarcelado o la proscripción indirecta de su candidatura en las elecciones de este año.

Independientemente de las discusiones que podamos dar sobre los logros y desafíos pendientes de los gobiernos progresistas en nuestra región, resulta evidente la avanzada de esta nueva derecha que aspira a consolidarse “democráticamente” en Brasil luego del golpe blando perpetrado por las elites, en consonancia con el aparato de la Red Globo y el capital internacional; que han visto su oportunidad para comenzar a desmontar los avances sociales logrados. Basta ver los primeros efectos de la reciente “reforma trabalhista” sancionada en el 2017 bajo en el actual gobierno ilegítimo de Temer.

Este gigante neoliberal que amenaza con deglutir cualquier tipo de iniciativa igualitaria sólo puede frenarse con la unidad y solidaridad de las fuerzas populares de toda Nuestra América. Como reza una frase de Luis Alberto: “todo gigante muere cansado de devorar a los de abajo”.

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