Este domingo, se cumplen 43 años del golpe de estado cívico militar del 24 de marzo de 1976, el cual inauguró una etapa sangrienta y cruel para las clases populares y, como siempre, nos convoca a reflexionar sobre el escenario político de ayer y de hoy.  

El terror utilizado por el gobierno de facto vía detenciones clandestinas, torturas, desapariciones y apropiación ilegal de bebés, constituyó un mecanismo disciplinador para poner en marcha una nueva configuración en la relación de fuerza entre capital y trabajo, que no solo implicó la desmovilización de la acción colectiva, sino una transferencia de ingresos abrupta hacia los sectores más concentrados. Ejercer memoria también significa recordar el rol ejercido por profesionales de la gestión de personal de importantes empresas (como se evidencia en el juicio a Ford durante 2018) que denunciaban a sus propixs trabajadorxs a las fuerzas de seguridad, o donde sus instalaciones funcionaron como centros clandestinos de detención. Porque la dictadura no fue sólo militar, sino que contó con la complicidad de empresas, instituciones y sectores de la Iglesia, a través del apoyo abierto o implícito y del silencio de sus delitos. Todos estos elementos necesarios del verdadero propósito de la dictadura: la instalación de un modelo económico, político y social neoliberal, que debilite la organización colectiva de los trabajadores. Esta fórmula, tras la recuperación de la democracia, se profundizó a partir del efecto disciplinador del desempleo y la pobreza de los años 90’.

En la actualidad, asistimos nuevamente a un contexto de aumento sistemático de la desocupación y precarización de las condiciones de trabajo y vida de las clases populares, derivada de las políticas públicas implementadas por el gobierno de Cambiemos que reinstalan el paradigma neoliberal como modelo hegemónico organizador de la vida de las personas. En este escenario el sometimiento a las políticas de ajuste propuestas por el FMI a partir del endeudamiento feroz operado en los últimos tres años adquiere un lugar central.

Esta trama social se combina con el recrudecimiento del accionar de las fuerzas de seguridad contra la sociedad civil y la persecución de jueces, en claras maniobras de retroceso democrático y en materia de derechos humanos. Basta, como ejemplo, el hostigamiento policial y la represión que sufren lxs trabajadores callejerxs y feriantes mientras buscan formas de ganarse la vida en los márgenes del trabajo “convencional”. Asimismo, la existencia de presxs políticos y de opositorxs perseguidxs judicialmente, tanto como el retroceso en materia de juicio y castigo a los responsables del genocidio o la relativización discursiva de los delitos de lesa humanidad cometidos, nos obliga a manifestarnos en una clara expresión de repudio generalizado.

Por esto, lxs estudiantes, graduadxs y docentes que integramos Democratización RT convocamos a marchar

  • Contra cualquier forma de represión por parte del Estado
  • Por el fin del gatillo fácil
  • Por el cese de las políticas económicas de desindustrialización
  • Por el cese de los despidos y el acoso a lxs trabajadores
  • Por la libertad de lxs presxs políticos
  • Por el fin de la injerencia extranjera (vía FMI, gobiernos u organismos de inteligencia) en el destino de los pueblos de Nuestra América
  • Por nuestrxs 30.000 compañerxs detenidxs desaparecidxs
  • Porque quedan muchxs nietxs por recuperar su identidad, genocidas por condenar y responsables civiles por juzgar.

No perdonamos, no olvidamos, no nos reconciliamos.

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