El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, fecha en que se reafirma “la plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural”.

En el marco de un contexto nacional e internacional en el que se organiza y empodera el movimiento de mujeres, desde Democratización RT invitamos a reflexionar acerca de las problemáticas que enfrentan las mujeres en el mundo del trabajo, las cuales contribuyen a reproducir la desigualdad social y económica. Deudas que fueron identificadas desde hace años, pero que aún no fueron saldadas.

Pese a que la participación de las mujeres en el mercado laboral se incrementó sustancialmente en las últimas décadas, este fenómeno no se traduce necesariamente en la adquisición de una  mayor autonomía, es decir, en un verdadero empoderamiento.

Debido a que en la mayoría de los casos las tareas domésticas son asumidas por las mujeres, no sólo se convierten en acreedoras de una doble jornada laboral, sino que suelen tomar trabajos más flexibles y precarios, para poder conciliarlos con la vida familiar.

Por otra parte, el principio establecido en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, “igual remuneración por igual tarea” aún sigue siendo una utopía. En Argentina, la diferencia salarial corresponde a un 27% en empleos registrados, brecha que se eleva al 40% cuando se trata de trabajos informales. Se reproduce así un círculo vicioso que sitúa a las mujeres en un plano secundario y dependiente. En los hechos, la reforma previsional aprobada en diciembre de 2017 las afecta de manera directa: al establecer “privilegios” a los trabajadores que realizaron 30 años de aportes, se perjudica especialmente a las mujeres que tuvieron varias entradas y salidas al mercado de trabajo, quienes se desempeñaron en trabajos no registrados o son amas de casa.

A las dificultades para conseguir y permanecer en un empleo de calidad, se debe añadir el obstáculo “techo de cristal”, metáfora que representa la barrera invisible que impide a las mujeres acceder a puestos jerárquicos y directivos. Basta observar que de las 500 empresas más grandes de Latinoamérica, solo 9 tienen una mujer en la presidencia. Incluso al interior de nuestra facultad se evidencia que del total de profesores -titulares, asociados y adjuntos- empadronados, 61% son hombres, sólo por nombrar un ejemplo.

Sin embargo, la vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres no se reduce a las problemáticas que enfrentan en el mundo del trabajo. La violencia doméstica, obstétrica y la derivada del aborto punible se destacan entre las más preocupantes. Si tenemos en cuenta que estos fenómenos afectan en mayor medida a las mujeres más pobres, nos encontramos con un reforzamiento de la desigualdad de género en los estratos sociales más bajos. Es por ello que nos pronunciamos a favor del Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

La resistencia a todas estas formas de violencias machistas y el pronunciamiento del derecho a vivir libres de esas violencias son las consignas en las que se apoya la convocatoria al Paro Internacional de Mujeres, al cual adscribimos.

Entendemos que un debate amplio y profundo sobre la desigualdad de género necesariamente debe incluir a mujeres y hombres. Como sociedad debemos aunar esfuerzos para deconstruir estereotipos, y los/as especialistas en relaciones del trabajo tenemos una oportunidad en este sentido, en cualquiera de los ámbitos en los que nos desempeñemos.

Por ello, invitamos a toda la comunidad de Relaciones del Trabajo a sumarse al debate y concientización para despatriarcalizar nuestra cultura en general y el mercado laboral, en particular.

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